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Instituto del Mundo Arabe en Paris | Jean Nouvel

El Instituto del Mundo Árabe (IMA) situado en la confluencia del Bulevar San Germain con el río Sena, junto al puente que conduce a la isla de San Luís y a un embarcadero nació como escaparate del mundo de la cultura árabe en París, la arquitectura del instituto debía tener en cuenta muchas relaciones dialécticas diversas: las inherentes a su emplazamiento, frontera entre el tradicional tejido urbano parisino –el faubourg Saint-Germain– y la destrenzada trama contemporánea de la Université de Jussieu; las que unen y diferencian las culturas árabes y occidentales; aquellas relacionadas con las nociones de historia y modernidad y las relaciones más concretas vinculadas a las ideas de interioridad y apertura.

La problemática urbana se resolvió con un edificio que sigue en su alineación la curva de la calle a la orilla del Sena, y que respeta las alturas y dimensiones tradicionales.

El cuerpo central del edificio –aunque vuelto hacia la universidad vecina– se distancia de ella por una amplia plaza pavimentada; una profunda hendidura que separa ambos cuerpos, practicada en un supuesto eje orientado hacia Notre Dame, da acceso a las exposiciones temporales y desemboca en el patio interior cuadrado; el extremo más occidental del edificio deja transparentar el volumen blanco cilíndrico de la torre de los libros de la biblioteca.

El edificio acentúa elementos arquetípicos de la arquitectura árabe tradicional: la interioridad, el tratamiento de la luz mediante bastidores y filtros, y la superposición de tramas. La fachada meridional es el mejor ejemplo de esta doble fidelidad, pues reinterpreta una serie de figuras geométricas frecuentemente utilizadas en la cultura árabe, dándoles la forma contemporánea de diafragmas móviles, muy similares a los de una cámara fotográfica. El juego espacial relacionado con la expansión y la contracción; la sala hipóstila que evoca las grandes mezquitas, y un profundo sentido del uso de los reflejos, las refracciones y los efectos de contraluz, proporcionan cierta magia a este lugar.

El aspecto más interesante del IMA es la fachada sur. El tamaño y forma de los cristales es exactamente igual que los de la fachada norte solo que, en este caso, cada cristal cuadrado tiene una serie de células fotoeléctricas semejantes al diafragma de una cámara de fotos que se abren cuanto menos luz exterior reciben y viceversa. En cada ventana hay una célula fotoeléctrica central más grande que el resto, y otras más pequeñas, de dos tamaños distintos, dispuestas geométricamente en el vidrio. La apertura y cierre de estos elementos dan lugar a figuras geométricas muy parecidas a las presentes en la decoración de edificios árabes, símil muy bien acogido por los árabes propietarios del instituto.

Hay partes de la fachada donde solo hay dibujos hexagonales y ortogonales parecidos a las células, las cuales se mueven con energía eólica. De esta forma, el edificio controla automáticamente su propia luminosidad y crea un juego de luces y reflejos en su interior.

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