Inicio » Arquitectura » Casa Lude Grupo Aranea
Arquitectura JAEJ Jovenes Arquitectos Rehabilitación

Casa Lude Grupo Aranea

4501834373_816b4125e0‘Una intención se transformó en idea, la idea en proyecto, el proyecto en obra y la obra en vivienda.

A la hora de recordar el proceso constructivo de la vivienda se me presenta como un entramado de variables. Imagino que para aquellos acostumbrados a estos menesteres no les sorprende, pero por mi doble y bipolar condición de promotor y usuario final me ha resultado una experiencia más curiosa que la que ha de ser para los habituales promotores o compradores. Trataré de hacer un recorrido en parte sentimental, ya que técnico me resultaría imposible, a través de dicho proceso.

dzn_Casa-Lude-by-Grupo-Aranea-6La idea surge de la intención, o necesidad, punto de partida, necesidad obvia y muchas veces postergada para los miembros de mi generación de disponer de vivienda, ese contexto necesario donde desarrollar la vida, donde crecer o seguir creciendo. La idea surge pronto, sencilla y etérea, tan abstracta como moldeable, una vivienda sobre la casa de mis padres en la C/ San Agustín, en lo que entonces no era más que un pequeño trastero. En este punto empiezan las variables que decía: el espacio, las miradas, la legislación, la misma gravedad, la economía… son tantas que se empiezan a abrir en ese punto múltiples opciones. Uno comienza a darse cuenta que la idea muta, se adapta, se retuerce, se posiciona, moviéndose ante las contingencias más variopintas que se dan. Lo que en un primer momento sería un pequeño estudio-apartamento empieza a cambiar, aparecen nuevas opciones y posibilidades para ampliar el espacio, se entabla un diálogo entre la ley y el proyecto. Vuelos de los aleros, alturas máximas, situación de las aguas, todo ello configura poco a poco la idea abstracta y moldeable y empieza a dotar, aún sobre el papel, de entidad a la idea. Aparece la doble altura. Un trastero que no pasó de idea se diluye dentro del volumen principal. Una pasarela toma forma sobre el plano. Las paredes giran, el techo se inclina, se plantean materiales para revestir la idea y dotarla de entidad real. Descubro que existe la termoarcilla y que la madera no funciona con el suelo radiante, descubro que la energía solar bajo el prisma de la legislación deja de ser interesante. Lástima.

Simultáneamente, como experiencia vital, empieza el proceso de financiación. En las sociedades humanas siempre ha habido ritos de transición a la edad adulta, creo que los antropólogos del futuro hablarán del rito de la peregrinación por administración y bancos de los jóvenes de principios del siglo XXI. Como todo rito tiene unas reglas fijas, supone un esfuerzo y un cambio y le arrastra a uno hacia otra realidad que hasta ese momento le resultaba ajena. Cuando este proceso coincide con final de la época conocida como “boom urbanístico” resulta mucho más difícil. El préstamo hipotecario (hoy día condición sine qua non) condiciona tu vida para una cantidad larguísima de años. Uno se acuerda que la generación de sus abuelos podía acceder a la vivienda a través del ahorro y pagando “a toca teja”, y claro, la conciencia se rebela a esta especie de sumisión feudal que hacemos a los grandes señores del poder y del dinero. Al final la conciencia, como en tantas cosas, cede. Se realiza el rito ante ayuntamiento, banco y notario, y la obra comienza.

194208En el caso de mi vivienda, la construcción empezó con una destrucción. Tirar lo viejo y edificar lo nuevo. Simbólicamente hay recuerdos que se destruyen con los espacios que desaparecen y otros espacios que se modifican, reinventan y transforman, haciendo así que la analogía vital se intensifique. Una vez destruido, comienzan los problemas para el ojo no adiestrado como el mío: los espacios puros y vacíos no concuerdan, no cabe la idea en el espacio, el poste no soportará la materialización de la idea. Más problemas se acumulan. Descubro que el hierro cotiza y sube y baja de precio más que el marisco en navidades. Descubro que a la hora de plasmar la idea, esa suerte de demiurgo que son los encofradores modifica y deja su impronta. Lo pensado se torna real. Lo liviano en la hoja, movible se transforma en pesado, inamovible, fijo. En hecho. Otros condicionantes, variables, como la meteorología comienzan a hacer acto de presencia. Aguas incontrolables y astutas que se cuelan por el forjado recién nacido y vecinos que soportan estoicamente ruidos, polvos y aguas. Al edificio le crecen los tabiques poco a poco. La forma se hace más patente y real. La mente trata de situar la idea original, renderizada y perfecta, en ese espacio de sacos, bloques y tablones y es complicado.

Conforme todo avanza, una pregunta simple y pertinente aparece en mi mente. ¿Estaré a gusto? Esta es la pregunta fundamental, única, ineludible. En ese momento, aún como decía, entre sacos y tablas, comienzo a sondear los espacios en silencio. Me proyecto en ellos y reflexiono. Y en un principio no encontraba respuesta.

Variables: tiempo. Tiempo que pasa, tiempo que inexorable pasa del calor al frío a las lluvias. Todo se ralentiza. Parece que no avanza la construcción. Obreros que no llegan en su momento, momentos que se postergan. La imaginada fecha de finalización se aplaza una y otra vez. Los costes se multiplican. El parto de la idea se hace más difícil. Hay momentos de desánimo. Uno se acuerda del primer cavernícola que dejó la cueva para, usando unas ramitas, construir su casa y lo maldice. Pero también hay momentos de alegría, cuando una nueva pared se cierra y el espacio queda dentro contenido, atado, sometido.

194206Terminada la fase de albañilería comenzó todo lo referente a instalaciones. Impensable la cantidad de cables y tuberías que surcan las paredes y se ocultan bajo nuestros pies. Poco a poco se situaron también las ventanas, morteros, aislantes y pladur. El espacio quedó definido, a la espera de las últimas capas. Suelo, maderas, primeros armarios. El espacio se hace humano. La sensación va cambiando y la pregunta a la que hacía referencia empieza a responderse. La casa transmite poco a poco y se entabla la comunicación y se dota de sentido aún sin finalizar. Constructivamente las variables siguen condicionándolo todo. El factor humano me ofrece muchas de sus distintas formas de aparecer, desde la profesionalidad y destreza más loable, hasta el descaro y la desidia de otros supuestos profesionales. Pero con todo hay que ir bregando. Se humaniza el espacio y aparece la incertidumbre de mobiliario y decoración. Con un presupuesto más que mermado a estas alturas, hay que decidir como será esa capa final, visible, habitable. Cómo será el objeto que también cohabitará en el mismo espacio. Decisiones superficiales, pero decisiones vitales. El espacio condiciona, por su falta y por su exceso. El color condiciona, por su asimilación al todo o por su contraste, las formas, pequeños matices… poco a poco, en un momento indefinido, deja de ser una obra y se transforma en una casa.

El espacio y la casa ya son realidad en este momento. La idea está plasmada, pero muchas cosas difieren. ¿Fueron decisiones acertadas o no? Sólo la experiencia vital puede responder a eso. La comunicación establecida entre habitante y casa es aún superficial y tibia, el propio concepto de realización es un concepto extraño a un espacio vital como es una vivienda. La realización supone el punto de partida para la experiencia vital, que se desarrollará a partir de ese momento, es conclusión pero es comienzo también.

El momento del traslado definitivo se acerca. Acomodar lo viejo en lo nuevo, arrastrar el objeto. Impregnar el nuevo espacio de tu esencia. Intensificar la comunicación a la que me refería anteriormente. Será un momento de nuevas variables. A fin de cuentas, ¿qué otra cosa es el habitante de una casa sino la consecuencia lógica de la misma?’

Añadir comentario

Click aquí para escribir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Límite de tiempo se agote. Por favor, recargar el CAPTCHA por favor.