El Big Ben ha comenzado a escorarse peligrosamente, igual que lo hizo en su día la torre inclinada de Pisa. La mítica torre del reloj, que el mundo asocia con la quintaesencia de Londres, comenzó a caer hace muchos años hacia el noroeste. Hoy está tan ladeada que se aprecia a simple vista. Si uno observa el reloj en dirección al río Támesis notará una ligera inclinación hacia la izquierda. Mediciones recientes indican que la torre está torcida 0,26 grados, lo que significa que la parte alta está desplazada 43,5 centímetros con respecto a la perpendicular.

Hace meses que esta imagen de un Big Ben defectuoso se repite en los periódicos británicos, extendiendo cierta sensación de inquietud sobre el futuro del complejo, que alberga las dos Cámaras del Parlamento británico. Los parlamentarios decidieron ayer crear una comisión especial para tomar cartas en el asunto. Una serie de exámenes arquitectónicos sentarán las bases para decidir cómo abordar el problema y, sobre todo, para descubrir hasta qué punto el sigiloso pero constante movimiento de la torre compromete la seguridad de los parlamentarios. “Este es el principio de un proceso muy largo. Los exámenes pueden alargarse entre 15 y 20 años”.

La preocupación no se centra solo en el Big Ben, sino en todo el complejo que compone el palacio de Westminster, cuyos cimientos comienzan a hundirse hacia el río Támesis. Pese a las palabras tranquilizadoras de la comisión, varios diarios británicos aseguran que el nuevo grupo parlamentario discutirá el informe de un perito que recomienda el traslado del Gobierno a otro edificio mientras se efectúa una reforma que costará hasta 1.000 millones de libras (unos 1.200 millones de euros). El diario Daily Telegraph ha asegurado incluso que existe una propuesta para vender el edificio a promotores inmobiliarios rusos o chinos por unos 500 millones de libras (unos 600 millones de euros). Esgrime como razón para tan impopular iniciativa que el Gobierno británico no puede permitirse en estos momentos una reparación tan costosa.

Un portavoz de la comisión ha salido al paso de estas publicaciones y ha asegurado que no existe tal informe y que sus miembros solo se reúnen para discutir el establecimiento de un grupo que estudie una “renovación general a largo plazo del edificio”. Creo que se llegó a la conclusión errada de que le vamos a vender a los rusos el edificio, pero la comisión no ha hablado de nada por el estilo”, ha asegurado.

Algunas de las partes del edificio se remontan al siglo XI y la torre del reloj, de 96 metros de altura y 13 toneladas de peso, fue terminada en 1859. Una investigación oficial cuyas conclusiones se publicaron en 2010 estimó que la inclinación del Big Ben se acentuó entre noviembre de 2002 y agosto de 2003 por razones desconocidas, y aumenta anualmente 0,9 milímetros. La cadena BBC ha apuntado que la construcción del metro y de un aparcamiento de cinco plantas bajo el edificio podrían haber contribuido. La mítica torre del reloj podría acabar cayéndose pero, según los ingenieros de la investigación publicada en 2010, aún no hay motivos para alarmarse. A este ritmo quedan 4.000 años para que su inclinación sea tan exagerada como la de la torre de Pisa.

Fuente: El Pais

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